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Música Clásica y ópera de Classissima

Ludwig van Beethoven

miércoles 7 de diciembre de 2016


E così dolce il suon della sua voce...

4 de diciembre

Noche de inmortales. Noche de emociones

E così dolce il suon della sua voce... El pasado viernes tuvo lugar en el Teatro de la Farándula de Sabadell un concierto dedicado a músicas de cine, a algunas de las bandas sonoras que en un momento u otro han formado sin duda parte de nuestras vidas. Nuestras, o de otros. Es muy importante el matiz. El programa ofrecido por la ORQUESTRA SIMFÒNICA DEL VALLÈS dirigida por RUBÉN GIMENO hizo repaso a un variopinto repertorio, alguno más espectacular y galáctico y otro, propio y adecuado para ser escuchado un viernes por la noche, cuando el cuerpo, después de una larga jornada laboral, pide un poco de fiesta y diversión que ayudan a olvidar los problemas cotidianos. Sin embargo, la balanza no fue siempre equilibrada. Algunas piezas demasiado largas que, a mi parecer, no acabaron de crear ambiente. Quizás conscientes de ello, y de que las músicas de bandas sonoras durante una película a veces acostumbran a pasar por desapercibidas, introdujeron el recurso de los diálogos hablados. Gran acierto a mi entender, y a ello me referiré más tarde. Pero lo más especial, lo más bonito de la velada no fue la música, no fue el teatro, no fue el repertorio, sino una vez más la inmejorable compañía que me permitió sentir, y sentir de verdad, por primera vez, el poder y efecto de la música en cuerpo ajeno. El poder de las voces. El poder de la música. Dejando de lado las inmortales músicas que fueron desfilando una tras otra a lo largo de la hora y media que duró el espectáculo, para mí, se erigieron en protagonistas las voces de los dos actores, SALVADOR VIDAL y MERCÈ MONTALÀ. Cada uno a lo suyo, las cinéfilas melodías para sus amantes, y para los amantes de las palabras, las voces. Es verdad que tuvo mucho más protagonismo la de Salvador Vidal que la de Mercè Montalà. Ha prestado su voz a actores como John Travolta, Mel Gibson, Ed Harris, Michael Douglas, Liam Neeson entre otros. Una voz típicamente de doblaje, de aquellas que retienes en la memoria y que cuando se la cambian al actor original te dices… “pero si esta no es la voz, por ejemplo, de Liam Neeson”. Es sorprendente, pero terriblemente cierto. Y precisamente doblando a este sensacional actor es donde más aplausos obtuvo. Imaginad la escena, la orquesta tocando “La lista de Schindler”. Solo del violín. Todo en blanco y negro y Salvador-Liam en las reflexiones finales de la oscarizada película de Steven Spielberg: “Quien salva una vida, salva al mundo entero”. Imposible en ese momento, en esos precisos instantes no emocionarse y derramar una lágrima. Las mías se confundieron también con las del propio doblador. Otro de los grandes momentos, “Copying Beethoven” y de nuevo Salvador Vidal encarnando al maestro. Empieza describiendo la música que tiene en la cabeza y que no es capaz de oír. Entra un determinado instrumento, en una determinada clave, ahora, aumenta el volumen, y todo ello se eleva al cielo. De fondo, la “Oda a la alegría”. Excepcional. Ritmo Sensualidad. Sones pegadizos que te hacen llevar, por instinto, el ritmo en las manos y en los pies. Ganas de bailar y de que la noche no acabe. A tal fin contribuyeron las tres piezas (a pesar de que en el programa de mano aparezcan solo dos) de la película “Pulp fiction”, con la que además empezó el concierto, y de qué manera, acelerando y pisando fuerte para dar paso a dos músicas más profundas y serias como las de “La Misión” y “El patriota”. Después de un estallido beethoveniano, con música dictada e imaginada (una escena que mucho tiene de la película “Amadeus”) la primera parte concluyó con un clásico de John Williams, “Jurassic Park”. Y en este momento, fue como decía, experimenté cómo el poder de la música (sin voz) puede hacer el efecto que a mí me hace la ópera. Sentir como alguien vive la música, cada nota, cada compás de una forma bastante parecida a la mía, pero a la vez, produciendo un efecto completamente distinto. Sentir la música en las manos y en los ojos de otra persona no tiene precio. Una gran experiencia vivida y que jamás podré olvidar. Otras de inmortales Humo de cigarrillos que cargan el ambiente de cabarets baratos, juegos de palabras subidas de tono, la cruda realidad vivida en los campos de concentración nazis, y para finalizar, un más que considerable hartazgo de marchas imperiales y de situaciones que se localizan en las estrellas. Sin lugar a dudas, la “Suite” de la película “Chicago” fue de lo mejor de la noche, no en vano, supuso el segundo bis de la noche, capítulo – el de los bises- no demasiado generoso. Inquietante el “Instinto básico” que dio paso, para mí, al instante mágico de “La lista de Schinler”. Desolación. Lágrimas. Tristeza. Pavor. Impotencia. Sentimientos, estos y muchos más que son descritos por la extraordinaria música del maestro John Williams y que contrasta con la enlatada, aunque en algún pasaje sutil y maravillosa “Star Wars”, aunque, la “Marcha Imperial o tema de Darth Vader” fue, para mis expectativas, un tanto decepcionante en el uso del metal que tan bien había sonado a lo largo del concierto. The end Y como toda película, el concierto llegó a su fin. Todas las imágenes proyectadas durante la ejecución musical a lo largo de todo el programa regresaron de nuevo al celuloide. Pero, antes de apagarse las luces, no podía falta otro clásico entre los clásicos, “Indiana Jones”, popular entre los populares, film de un domingo por la tarde, película para disfrutar y ver en familia. Aventuras, a mares. Diversión, a raudales. Y con diversión, porque siempre acaban bien. Y así salimos el viernes por la noche de la Faràndula, divertidos y con una sonrisa en la cara. Y cuando vimos los muy originales títulos de crédito, en los que aparecían las fotografías de los miembros de la orquesta y de su director Rubén Gimeno, sabíamos que la cosa, esa vez sí, había llegado a su fin. Las luces se apagaron. La claqueta, en estado de reposo. Tendremos que aguardar a la próxima instrucción que suene al grito de…. ¡¡¡“acción”!!! y de comienzo de nuevo al espectáculo para que este continúe.

Scherzo, revista de música

5 de diciembre

Apollon Musagète Quartett inaugura el Festival de la Fundación MonteLeón

El conjunto Apollon Musagète Quartett, reconocido como un "modelo de logro artístico que sirve de referente a los jóvenes talentos", será el encargado de inaugurar mañana, 6 de diciembre, la VII Edición del Festival Internacional de Música de Cámara de la Fundación MonteLeón, en el Auditorio de León. Lo hará con una selección de obras de Haydn, Beethoven y Grieg.  leer más




Ya nos queda un día menos

30 de noviembre

Ligeti y Benzecry en la Nacional

p { margin-bottom: 0.21cm; } Cuando residía en la Sierra de Segura iba con una cierta regularidad a Madrid y Valencia y podía disfrutar música sinfónica en directo. Este año es imposible: trabajo por las tardes y los fines de semana nada hay en muchos quilómetros a la redonda, salvo alguna excepción aislada como la soporífera Novena de Beethoven del otro día en el Villamarta. Acudir puntualmente a Madrid el fin de semana pasado para escuchar a Barenboim me ofrecía la oportunidad de recuperar mi antigua costumbre de escuchar conciertos matinales de la Orquesta Nacional de España. Conciertos que habitualmente retrasmitía Radio Nacional de España y que al parecer ahora ya no recogen sus micrófonos: desdichada decisión, sea quien fuere el que la haya tomado (ignoro si las exigencias económicas vienen de una parte o de la otra). El programa del pasado día 27 se llamaba El mestizaje, título que a mi entender solo convenía a su primera parte. Y la más interesante a la postre, porque la interpretación de la Sinfonia nº1 de Schumann que ofreció el maestro Clemens Schuldt pudo disfrutarse, estuvo correctamente trazada –sin precipitaciones y sin ese excesivo nerviosismo que aqueja a algunas interpretaciones schumannianas–, y estuvo dotada de vida, de animación y de comunicatividad, pero se quedó bastante alicorta en lo que a poesía se refiere y tampoco evidenció la depuración sonora deseable. Lo de antes es lo que tuvo mucho interés. En primer lugar, por el placer de escuchar el Concert Romanesc de Ligeti, una obra temprana que además de resultar muy valiosa para conocer las raíces del genial artista húngaro, es una preciosidad en sí misma: folclore magníficamente llevado a la orquesta por un compositor que instrumenta de maravilla y ya empieza a intuir los novedosos senderos que más tarde recorrerá. Schuldt la dirigió de manera irreprochable y obtuvo de la Nacional un sonido bastante más satisfactorio que el de la última ocasión en que la pude escuchar en directo. En segundo lugar, por lo mucho que se pudo disfrutar del Concierto para violín de Esteban Benzecry, un señor que nació en 1970 en Lisboa, se crió en Buenos Aires y se nacionalizó francés, pero que –como explica Benjamín G. Rosado en sus notas– mezcla en su música tanto “lo uno” como “lo otro”, es decir, lo porteño y lo parisino. Y también “lo de más allá”, en este caso más acá: el flamenco es directa referencia en el primer movimiento de esta página, que surgió como pieza independiente cuando era compositor residente en la Casa de Velázquez de Madrid. Los aromas del tango impregnan de manera muy evidente el segundo movimiento, para ofrecer en el tercero unas “evocaciones de un mundo perdido” que no es otro que el de la América precolombina, aquí recreada de manera muy pictórica, diríamos que cinematográfica. Sí, lo están adivinando. Esta es una música muy fácil de escuchar, hecha con la evidente intención de gustar a todo el mundo, y probablemente alberga poca sustancia bajo su brillante superficie, pero se encuentra estupendamente escrita, utiliza los recursos con enorme sabiduría, resulta inteligente en su eclecticismo y es de un irreprochable buen gusto: nada que ver con algunos bodrios igualmente interculturales que se escuchan por ahí. Claro que no podemos restarle méritos a la excelencia de la interpretación, con un Schuldt y una ONE totalmente entregados al virtuosismo sin mácula y a la intensidad expresiva del violinista serbio Nemanja Radulović, precisamente la persona para la que fue escrita la partitura. Su sonido afilado y su temperamento volcánico –recuerda no poco a Malikian, también por la pelambrera– se ven bien acompañados por una gran capacidad para cantar la música con sensibilidad y delectación melódica, pero sin rastro de de narcisismo. Disfrute total. PD. Los de la OCNE dejan hacer fotografías, obviamente sin flash. Sabia decisión.



Ludwig van Beethoven
(1770 – 1827)

Ludwig van Beethoven (16 de diciembre de 1770 - 26 de marzo de 1827) fue un compositor, director de orquesta y pianista alemán. Su legado musical abarca, cronológicamente, desde el período clásico hasta inicios del romanticismo musical. Considerado el último gran representante del clasicismo vienés (después de Christoph Willibald Gluck, Joseph Haydn y Wolfgang Amadeus Mozart), Beethoven consiguió hacer trascender la música del romanticismo, influyendo en diversidad de obras musicales del siglo XIX. Su arte se expresó en numerosos géneros y aunque las sinfonías fueron la fuente principal de su popularidad internacional, su impacto resultó ser principalmente significativo en sus obras para piano y música de cámara. La producción de Beethoven incluye los géneros pianísticos (treinta y dos sonatas para piano), de cámara (dieciséis cuartetos de cuerda, siete tríos, diez sonatas para violín y piano), vocal (lieder y una ópera: Fidelio), concertante (cinco conciertos para piano y orquesta, uno para violín y orquesta) y orquestal (nueve sinfonías, oberturas, etc.), entre las que se encuentra el ciclo de las Nueve Sinfonías, incluyendo la Tercera Sinfonía, también llamada Eroica,nota 3 en mi? mayor, la Quinta Sinfonía, en do menor y la Novena Sinfonía, en re menor (cuyo cuarto movimiento está basado en la Oda a la Alegría, escrita por Friedrich von Schiller en 1785).



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